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Luego de ochenta días de mala racha Santiago, un viejo y curtido pescador, logra que un inmenso pez espada muerda el anzuelo. Tras una lucha titánica de tres días sin descanso en alta mar el hombre logra derrotar al animal. Pero antes de retornar a puerto para mostrar su gran proeza, los tiburones harán un banquete con su presa.Esa es, a grandes rasgos, la trama de ‘El viejo y el mar’, el clásico relato que el escritor norteamericano Ernest Hemingway, publicó hace seis décadas, para recordarnos que “un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Con una prosa austera y tensa, y con diálogos magistrales, esta breve novela, convierte al lector en testigo mudo de la hazaña de un hombre elemental que se enfrenta a la naturaleza, que es capaz de sentir admiración por su contrincante en medio de ese ritual entre la vida y la muerte que constituye su oficio.A bordo del pequeño bote acompañamos a este “flaco y desgarbado” viejo, de arrugas profundas en el cuello, con su piel trazada por antiguas cicatrices; de ojos tan azules como el mar, que anda siempre con su camisa remendada tantas veces como su vela. En el relato seco y duro, nos conmovemos con Manolín, el joven y locuaz aprendiz que quiere absorber toda la sabiduría de ese viejo lobo de mar, a quien trata de cuidar y proteger dentro de sus

Luego de ochenta días de mala racha Santiago,

un viejo y curtido pescador, logra que un inmenso pez espada muerda el anzuelo. Tras una lucha titánica de tres días sin descanso en alta mar el hombre logra derrotar al animal. Pero antes de retornar a puerto para mostrar su gran proeza, los tiburones harán un banquete con su presa.Esa es, a grandes rasgos, la trama de ‘El viejo y el mar’, el clásico relato que el escritor norteamericano Ernest Hemingway, publicó hace seis décadas, para recordarnos que “un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Con una prosa austera y tensa, y con diálogos magistrales, esta breve novela, convierte al lector en testigo mudo de la hazaña de un hombre elemental que se enfrenta a la naturaleza, que es capaz de sentir admiración por su contrincante en medio de ese ritual entre la vida y la muerte que constituye su oficio.A bordo del pequeño bote acompañamos a este “flaco y desgarbado” viejo, de arrugas profundas en el cuello, con su piel trazada por antiguas cicatrices; de ojos tan azules como el mar, que anda siempre con su camisa remendada tantas veces como su vela. En el relato seco y duro, nos conmovemos con Manolín, el joven y locuaz aprendiz que quiere absorber toda la sabiduría de ese viejo lobo de mar, a quien trata de cuidar y proteger dentro de sus